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XIII. Ciclo de Seminarios 2026
Filosofía, Evolución y Salud
Martes 27 de octubre 2026. 16:00 a 19:00 horas
Aula 6 de docencia, 1ª planta
Hospital Universitario de la Princesa, Madrid.
Viktor von Weizsäcker 1.
La medicina y el sujeto
Presentaciones durante el seminario:
¿Cómo influye el inconsciente en
nuestras vidas?
(Alessandro Massaro, psicólogo)
Mente-cuerpo: dualismos y monismos
(Jesús Vega Encabo, filósofo)
Viktor von Weizsäcker, la verdad y la
enfermedad
(Alvaro Daschner, médico)
Seminario Viktor von Weizsäcker 1.
La medicina y el sujeto
Coordinador: Alvaro Daschner
Viktor von Weizsäcker (1886-1957), que fue médico fisiólogo, neurólogo y filósofo, nos ha dejado una amplia obra escrita en varios campos de la medicina teórica y práctica, siempre preocupado por describir y establecer el papel del médico en la relación médico-paciente e intentando situar adecuadamente el ejercicio práctico de la Medicina entre el rigor de las ciencias naturales y el conocimiento adquirido en el encuentro con el paciente individual. Así se le considera como aquel científico que ha introducido el sujeto en la Medicina, porque sin su reconocimiento la Medicina sería incompleta. En dos seminarios se abordarán aspectos de su filosofía y propuestas de su medicina.
En este primer seminario se presentarán las ideas de von Weizsäcker acerca de su visión de mundo, el significado de vida, el ser humano en su convivencia con otros congéneres y sociedad y el papel del mundo “verdadero” del paciente y así su historia biográfica.
Para comprender su Medicina psicosomática, debemos primero preguntarnos sobre lo que es el cuerpo orgánico y lo que consideramos la psique, la mente o el alma. Por ello la contribución acerca de las diferentes posturas filosóficas sobre la relación mente-cuerpo. Nuestras decisiones que consideramos libres, ¿realmente lo son?, ¿existe el libre albedrío? ¿O son ilusiones emergentes que surgen de nuestros órganos materiales como el cerebro? Del mismo modo: ¿Qué sería, si existiese, una enfermedad de origen psicógena? Para von Weizsäcker, si existen casos o enfermedades “orgánicas”, donde no dudaríamos en ver un efecto de o sobre la mente o las emociones, ¿por qué entonces diferenciar entre enfermedades orgánicas, mentales y psicosomáticas?
Weizsäcker demuestra en sus escritos continuadamente su compromiso con lo que hoy llamaríamos rigor científico, pero es igualmente consciente que en la Medicina como disciplina y en la práctica médica con el paciente individual, el conocimiento de las Ciencias Naturales no es suficiente. Ahí su empeño de no sólo tratar al enfermo como objeto biológico, sino además reconocer al sujeto en el objeto a estudiar. No se trata sólo de que cada enfermo es un caso único frente a las leyes generales de la naturaleza. Es la subjetividad, junto con la experiencia vivida de los seres vivos y del enfermo en especial a la que nunca tendremos acceso completo. En analogía con la inclusión del observador en las Ciencias físicas, pero aumentando la complejidad, las Ciencias biológicas tratan de objetos que contienen a su vez un sujeto.
A finales del siglo IXX se instauró el psicoanálisis sobre todo de Sigmund Freud, que consiguió un nuevo abordaje teórico y terapéutico de afecciones neuróticas (fobias, ansiedad, obsesiones, etc.). Weizsäcker quedó impregnado de sus logros, pero sobre todo de la incursión teórica del inconsciente (las pulsiones) como agente más cercano a la materia que a la mente, capaz de influir en conductas “patológicas” desde el punto de vista social, pero vislumbrando la posible utilidad a la supervivencia del enfermo de algún modo. Pero mientras que la psicología intentaba a través del psicoanálisis u otras formas de psicoterapia abordar conductas “patológicas” o enfermedades que atribuimos más a la esfera mental y/o relacionadas con la conducta, Weizsäcker no cesó en buscar y proponer mecanismos causales de las enfermedades “orgánicas”, que incluyesen aspectos emocionales y conflictos interpersonales o sociales en la biografía del enfermo: “El origen y el desarrollo de las dolencias internas, nerviosas y orgánicas están fuertemente condicionados por los afectos, y los afectos, a su vez, no son independientes del yo, de la voluntad. De los procesos supuestamente involuntarios que tienen lugar en los órganos internos somos aparentemente más responsables, [… mientras] que nuestros llamados movimientos voluntarios dependen de fuerzas incontroladas y desconocidas.”
En esta cita no sólo se cuestiona la existencia de una voluntad en el dominio de la mente o el funcionamiento según leyes físico-químicas en el dominio del cuerpo. Parece que existe la voluntad, pero al mismo tiempo no existe, y este hecho se revela como una de las contradicciones vitales que Weizsäcker denomina la antilógica. A su vez considera la antilógica como la esencia de la vida como en el siguiente ejemplo: “La vida es devenir. Pero el devenir es la esencia en la que algo ni es ni no es, [..]. El devenir siempre contiene esta contradicción lógica.”
Y así, ante un enfermo, el médico debe compatibilizar su conocimiento científico (empírico y teórico) de las patologías (la realidad objetiva) y debe acercarse a la verdad del paciente a través del encuentro humano, la anamnesis biográfica, la comprensión, porque para Weizsäcker la salud tiene algo que ver con verdad (Wahrheit) y la enfermedad con falsedad (Un-wahrheit).