¿Quién está enfermo:
el individuo o su entorno?

Martes 18 de noviembre 2025.
Hospital Universitario de la Princesa, Madrid.
Resumen-post del seminario
(Autor: Alvaro Daschner)
De la introducción al seminario se encargó Alvaro Daschner en dos vertientes. La primera, general, sobre el formato y papel de los seminarios, que de carácter pluridisciplinar llevan inherentemente la dificultad de lenguajes diferentes y metodología de origen, lo que obliga a que una crítica de lo expuesto no sólo debe ser constructiva, sino sobre todo respetuosa y generosa. De este modo ayuda a una reflexión crítica y en la que también tienen cabida las opiniones propias debidamente justificadas o elaboradas. Solo este tipo de diálogo entre expertos de diferente procedencia y con los asistentes interesados ayuda a la emergencia de nuevas ideas y perspectivas. En la introducción más específica a la temática del seminario se presentaron tres perspectivas no necesariamente excluyentes de los conceptos de salud y enfermedad, citándose para el concepto de normalidad a Christopher Boorse, para el concepto denominado holista a Lennart Nordenfelt y para una conceptualización normativista a Georges Canguilhem. Este último también ha desarrollado más específicamente la relación de salud con la relación de organismo y entorno, describiendo como en los inicios de la biología de los últimos siglos se había mantenido junto con el darwinismo una aceptación originariamente mecanicista, casi newtoniana, de los efectos recíprocos de organismo y entorno. A ello le opone las perspectivas de Jacob con Üexküll o Kurt Goldstein. Con perspectivas diferentes, ponen de manifiesto la necesidad de considerar al ser humano como capaz de ofrecer varias soluciones a los problemas impuestos por el entorno, destacando su capacidad creadora. De este modo, el organismo humano no solo soporta pasivamente los cambios del entorno.
Alejandro Martínez Atienza, encargado de la ponencia con el título “Síndrome metabólico: Adaptaciones genéticas potenciales en homo sapiens”, comenzó introduciendo el enfoque evolutivo de la antropología y la biología en el ámbito médico como Medicina Evolutiva. Lejos de querer disociarse de la Medicina convencional, esta disciplina pretende entender los procesos de salud y enfermedad por medio de las herramientas que nos ofrece la biología evolutiva. Así, presento datos que apoyaban la idea como ciertas adaptaciones presentes en nuestra especie (como las mutaciones en el gen GULO o en la urato-oxidasa, o procesos fisiológicos como la resistencia a la insulina) pudieron aumentar la eficacia biológica de la especie en el pasado, pero se tornan desadaptativas en el presente. Características que en nuestro pasado surgieron como amortiguadores ecológicos ante la incertidumbre ambiental (como la capacidad para ganar grasa) se convierten hoy en uno de los principales impulsores del aumento sin precedentes de enfermedades crónicas no transmisibles. Insistió, sin embargo, del peligro del exagerado adaptacionismo, ya que no todos los rasgos en Biología son adaptativos. El interés de su contribución y la siguiente enfocada a la obesidad se manifestó en unas preguntas del debate relacionadas con las diferentes formas de dieta, específicamente el ayuno intermitente. Desde una perspectiva paleoantropológica, pero también fisiológica, se abordaron así conceptos como el el citado ayuno intermitente o la salud de las poblaciones de cazadores-recolectores, insistiendo en varias ocasiones que las ocasionalmente postuladas hambrunas del paleolítico no tienen fundamento contrastado y sí su aparición desde el neolítico, cuando comenzaron los asentamientos, la agricultura, la ganadería y así también la estratificación social.
En cuanto a la obesidad, la especialista Belén Silveira Rodríguez planteó su contribución como una presentación interactiva, intentando desmontar algunas de las creencias relacionadas. Así, la dieta y el cálculo de calorías quedaba en entredicho, ya que el organismo humano “no es una caldera” y destacó la importancia de factores psico-sociales no solo en el origen de la obesidad, sino sobre todo en su abordaje terapéutico, lo que explicaría que tuviera más peso en la aparición de esta entidad el lugar de residencia (como fenómeno socio-económico) que la frecuentemente aludida falta de voluntad o la calidad misma de los alimentos, insistiendo en que la alimentación no solo tiene una función nutritiva, porque además de ello tiene una importante función social. Todo ello repercutiendo en los poco exitosos abordajes terapéuticos habituales. Sin embargo, no habría tampoco que dejar fuera de consideración la falta de información sobre una alimentación saludable (no necesariamente imposible incluso con rentas muy bajas) o el papel del procesamiento de los alimentos o su contenido en disruptores endocrinos u otros posibles agentes tóxicos en determinadas dosis.
Finalmente se encargó de nuevo Alvaro Daschner de resumir el trabajo del microbiólogo René Dubos que en la segunda mitad del siglo pasado ya enfatizó el papel del entorno en la aparición o no de enfermedad clínica ante contacto/ infección con los micro-organismos. En este caso para el micro-organismo sería el organismo humano su entorno, y su disposición junto con el micro-organismo juntos son los que determinarían la enfermedad. También Georges Canguilhem resumió que ni los seres vivos, ni el entorno pueden denominarse normales si se consideran por separado y sólo en su relación, lo que anularía incluso la validez de la pregunta del título de este seminario. Pero volviendo a la predominante conceptualización de corte pasiva en la Medicina actual en la relación organismo-entorno, A. Daschner propuso un salto a la política de los inicios del siglo pasado, donde, según Barbara Stiegler en su libro “Il faut s’adapter”, el posterior denominado debate Lippmann-Dewey enfrentó ante el propósito común de cómo mantener un liberalismo de corte darwiniano en la era de la “Gran Sociedad” (término acuñado por Graham Wallis para describir el nuevo entorno creado por el hombre con la industrialización), ya que el ser humano ya no estaba adaptado a ella. Lejos de entrar en los pormenores de cada postura, llama sin embargo la atención, según A. Daschner, que el planteamiento inicial ante ese problema de des-adaptación de los organismos individuales frente a ese nuevo entorno sí que incluía las dos posibilidades: “… o bien educar a cada generación para que desarrollen sus facultades de acuerdo con su entorno, o bien cambiar su entorno para que se adapte a sus facultades”. Se comentó cómo la Teoría de la Evolución ha estado marcando no sólo las Ciencias Naturales, sino también la psicología o la sociología con premisas en ocasiones de dudosa veracidad, pero lo que llama más poderosamente la atención es la ocasional aceptación de una concepción pasiva de adaptación en el mecanismo de selección natural, a lo que otros evolucionistas como Levis & Lewontin respondieron con su idea de la tríada gen, ambiente (o entorno) y organismo, con interrelaciones múltiples, destacando, sin embargo la capacidad activa del organismo de cambiar su entorno. Se quedó abierta una respuesta definitiva de cuánto se está aceptando y aplicando esta idea de capacidad “activa” del individuo enfermo, donde en la Medicina parece estar priorizándose un abordaje del “enfermo” en el que es el terapeuta el “activo” con el consiguiente riesgo de un aumento de la actitud pasiva del enfermo frente a las consideraciones de ayuda a conductas activas de cambio de entorno, ahí donde sea posible.
A parte de lo ya comentado sobre las inquietudes durante los debates, las contribuciones de ponentes y asistentes versaron también sobre la “naturaleza humana”, frecuentemente malentendida y en la que existen opiniones muy divergentes desde la defensa de que todas las capacidades y características que generalmente consideramos especialmente humanas ya se dan en otros animales cercanos y se trataría solo de diferencia de grado. Hasta la postura que defiende que determinadas características como la consciencia se desarrollan como nueva propiedad emergente. También se mencionó la posibilidad de una asociación entre la enfermedad y precisamente la pasividad (o en otro lenguaje falta de autonomía), término que incluso se asocia al origen lingüístico de paciente, quedando como una de las varias ideas a elaborar en siguientes seminarios y debates. En su conjunto este seminario ha sido un buen ejemplo de la utilidad de debatir sobre diferentes temáticas en un abordaje pluri-disciplinar que incluye el enfoque evolucionista presentado desde la biología y antropología, la participación de profesionales desde su práctica clínica y la filosofía como ayuda a las diferentes conceptualizaciones para comprender mejor a nuestra especie.
[Hemos preparado una bibliografía básica en dos documentos accesibles en la barra lateral derecha]
Los tres ponentes de este seminario: de izquierda a derecha:
Alejandro Martínez Atienza, Alvaro Daschner y Belén Silveira RodrÍguez.


